EL PERIODICO : París reverencia a los vándalos que firman con aerosol en las paredes
Cuando extienden sus intensos colores y sus fulgurantes trazos sobre un muro o sobre un vagón de metro se arriesgan a acabar entre rejas. Pero cuando 300 de los grafiteros que firman estos actos considerados vandálicos exponen en un museo público, su trabajo pasa de la ilegalidad de la calle al reconocimiento oficial y la admiración del público, la mayor parte del cual no quisiera ver estas obras de arte en la fachada de su propia casa. La paradoja, acompañada de la inevitable polémica, tiene lugar en el Grand Palais de París hasta el próximo 26 de abril.
El culpable de esta domesticación de la expresión plástica surgida hace 40 años en Estados Unidos es el arquitecto Alain-Dominique Gallizia. Ha tenido la idea de proponer a los principales grafiteros de tag —los que utilizan la caligrafía para escribir su nombre artístico— que descarguen sus aerosoles sobre una tela con un formato impuesto —60 centímetros de alto por 360 de largo— y un tema poco corriente en el medio : el amor. La firma, en la parte izquierda ; la ilustración, en la derecha.
"DESAFÍO ESTÉTICO" A
todos les ha pagado lo mismo —la cifra forma parte del secreto del sumario— y a todos les ha prometido a cambio "el reconocimiento de su movimiento artístico por parte de los museos más prestigiosos del mundo". No es la primera vez que el grafito entra en un centro de arte oficial, pero nunca hasta ahora lo había hecho de forma tan masiva y ambiciosa, reuniendo desde los pioneros americanos (Taki, Rammellzee, Toxic), sus sucesores (Ces) y las primeras figuras europeas (Bando) hasta las generaciones emergentes de Corea (Reach), Irán (Isba) y Brasil (Nunca).
Algunos han abandonado ante la imposibilidad de sentirse inspirados por el tema. Y no todos han aceptado el "desafío estético", según Gallizia, que supone pasar de la esencia efímera y antisistema del grafito a formar parte de una colección. El arquitecto se ha comprometido a no venderla ni dividirla. "No hay excluidos, solo retrasados ; hoy mismo han llegado dos nuevas obras", puntualizó ayer Gallizia, que espera contar pronto con la adhesión del célebre grafitero neoyorquino Futura 2000.
ARTISTAS O "CRETINOS"
En el mundo del arte la exposición ha reabierto el debate entre los que defienden el grafito como una forma más de arte y los que consideran poco menos que un sacrilegio introducir el tag en el prestigioso Grand Palais. Para algunos críticos se trata de artistas que "embellecen" los vagones, mientras otros advierten de que "el 99% de los grafiteros son unos cretinos" y juzgan escandaloso que un establecimiento público les dé cobijo. El es-
cándalo está servido.
Y los grafiteros, ¿qué piensan de todo ello ? No parecían ayer muy in-
cómodos entre los venerables muros de uno de los monumentos más emblemáticos de París. "No me lo tomo como un objetivo, sino como un paso más, un trampolín para acceder a más gente", argumentaba orgulloso Shuck, francés de origen antillano a quien el argumento del amor le ha inspirado un intrincado laberinto urbano de color rosa.
Shuck está encantado con la idea de pasar simbólicamente "de la ilegalidad y la marginalidad al reconocimiento". Pero no lo considera contradictorio con mantener el espíritu crítico y libre. "El poder necesitará siempre de un contrapoder para poder regenerarse", sentencia.
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